A veces no es fácil llevar la vida que queremos sin sensaciones de culpa. En efecto, como psicólogos hemos observado que, dependiendo de la educación recibida y de nuestra fortaleza psicológica, nos sentiremos más o menos libres como adultos para vivir conforme a nuestros deseos.
Esto, que en sí mismo puede parecer lógico, nos debe hacer pensar, porque seguro que muchos de los que leen este artículo sienten que por miedo, falta de seguridad, culpabilidad o presiones externas no están con quien quieren estar, ni tienen la vida que desean. Para muchas personas, seguir sus propios deseos en la vida, les supone una enorme culpa, se sienten como ‘niños malos’ cada vez que buscan alejarse de lo que internamente sienten como correcto.

¿Qué es el Síndrome del Niño Malo?
El ‘Síndrome del Niño Malo’, es un nombre coloquial que se lo debemos a uno de nuestros pacientes que, durante la consulta, nos indicó que cada vez que quiere en la vida hacer lo que le apetece, se siente como un ‘niño malo’, ‘es como un síndrome’, dijo, ‘el síndrome del niño malo, desobediente’.
¿Qué es entonces?. Desde lo indicado se desprende que se trata de la imposibilidad de llevar una vida sana y libre, conforme a los propios deseos, debido a fuertes sentimientos de culpa inculcados durante el desarrollo y educación infantil. Dichos sentimientos, inevitablemente, suponen una importante limitación cuando se pretende hacer algo o llevar una vida distinta a lo que se siente como ‘lo correcto’. Porque lo correcto en estos casos, es lo aprendido, lo absorbido en el entorno familiar.
Algunas personas son conscientes de su dificultad, otras ni siquiera saben que han ahogado sus deseos más íntimos aunque no se sientan totalmente bien. Incluso, para muchas personas, su felicidad consiste en sentir que están haciendo lo correcto en esta vida, lo que les han enseñado, aunque diste mucho de sus fantasías más ocultas.
¿Cuál es la causa de los sentimientos de culpa?
Muchos padres sienten que sus hijos son una propiedad y prolongación de sí mismos, y, conforme a esta creencia, apenas les dejan en su desarrollo espacio para su independencia y espontaneidad como futuros adultos. En las familias existen siempre normas y formas de ver la vida que se transmiten, directa e indirectamente a los hijos. Si el ambiente es rígido, cruel o conservador, todo esto en algún sentido llevará al desarrollo de un sentimiento de culpabilidad adulto que impedirá una vida espontánea y libre.
A veces, dicho ambiente proviene de una herencia transcultural familiar que se ha ido transmitiendo de padres a hijos. En otras ocasiones, son las propias autoexigencias y perfeccionismo, fruto de la inseguridad y necesidad de fortalecimiento personal, pero también de expectativas familiares.
En cualquiera de los casos, el sentimiento más hondo, cuando uno escapa a los propios deseos, es el de estar portándose mal, de ser un ‘niño malo’. Es un sentimiento desarrollado desde la infancia y que pervive con su carga emocional infantil en el adulto, impidiéndole una vida plena.
¿Cuáles son las consecuencias del Síndrome del Niño Malo?
Tal y como hemos indicado, la principal limitación es la incapacidad de vivir conforme a lo que se desea sin sentir culpa, de estar haciendo las cosas mal, de ser mala persona. Suele ser habitual la creencia de que pensar en uno mismo es egoísta, no es lo correcto. Lo adecuado y lo que se debería desear es lo aprendido, lo que en suma, ‘querían que hiciese papa y mamá’.
Si lo transmitido durante la infancia es un contexto rígido, muy conservador, lleno de normas y obligaciones inflexibles, a veces con tintes religiosos, dificultará la vida de ese niño como futuro adulto impidiéndole el natural disfrute de sus deseos. En suma, llevar la vida que no se quiere.
Esto lo observamos como psicólogos frecuentemente en pacientes con vida infelices o mediocres en el ámbito laboral (‘hay que trabajar en algo práctico, no necesariamente en lo que te gusta’), en la pareja (‘tienes que aguantar aunque no te vaya bien, divorciarse es un fracaso o un pecado’), en la familia de origen (‘la familia es lo primero, y a ella te debes’) o con las amistades (‘la lealtad con los demás está por encima de ti mismo/a’).
¿Cómo superar la culpabilidad y disfrutar de la vida?
No es fácil enfrentarse sin culpa a todo un pasado de influencias paternas. Habitualmente, aunque sepamos que todo eso nos afecta, nuestros miedos y emociones nos frenan haciéndonos sentir irracionalmente ‘malos’. Es el mismo sentir que el niño cuando desobedece a sus padres sintiéndose malo e indigno de cariño. Y es precisamente ese temor al enfado, a la pérdida del cariño y amor de los demás lo que genera ese miedo que obliga seguir la senda de lo aprendido.
Sin embargo, y dado que se trata de una emoción aprendida que sigue activa en nuestra vida adulta, como psicólogos sabemos que podemos corregirla mediante ‘pequeñas experiencias correctoras’. ¿En que consisten?. Se trata de ir probando, de menos a más, pequeños cambios de vida contrarios a lo aprendido como ‘lo correcto’ y que nos generan culpa. Para ello, imagina como sería la vida que deseas llevar, en un sentido global o en aspectos específicos. Después mírate a ti mismo/a y convierte cada meta en pequeñas submetas, de menos a más dificultad, y observa los frenos que encuentras en cada una de ellas. A partir de ahí, cada día, y empezando con las de menor dificultad, comienza actuando en contra de como lo has estado haciendo hasta ahora aguantando la culpa que sobrevenga, y que después se pasará.
Un ejemplo, una de tus metas puede ser aprender a poner límites a los demás, saber decir que no, porque sientes y has aprendido que en la vida hay que ser amable y servicial. Elige una serie de personas de las que te gustaría librarte de sus peticiones abusivas y a las que no sabes oponerte. Empieza por las que menos te intimiden y vas estableciendo esos límites progresivamente de menos a más intimidación.
Es obvio que sentirás culpabilidad, pero se trata de aguantarla, desde la menos dolorosa a la que más. Seguramente observarás reacciones de los demás, es normal, no están acostumbrados a esa nueva forma de comportarte. Aguanta, verás que no pasa nada. Y si alguien se siente molesto por tu cambio, ni caso. La culpa y la presión de los demás es el precio del cambio, por eso hay que hacerlo de menos a más dificultad. No olvides que lo más importante eres tú y tu bienestar.
El resultado de todo esto es un cambio progresivo en tu forma de sentir y ver la realidad. Es decir, estás reaprendiendo una nueva visión de la vida mediante la experimentación directa. Estos pequeños ‘trozos de libertad’ te ayudarán poco a poco a lograr que tu vida sea más satisfactoria.
José de Sola
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