Realizar una evaluación psicológica inicial siempre es necesario antes de iniciar un tratamiento psicoterapéutico. Su finalidad es aportar información sobre la problemática y estado actual del paciente, así como de las circunstancias que la mantienen.
Desde nuestra forma de trabajar, el procedimiento se basa en una o varias entrevistas, en donde se analizan las circunstancias personales y familiares del paciente, tanto en el ahora como en su pasado, así como los factores psicológicos, sociales, laborales o familiares que mantienen en la actualidad dicha problemática.

¿Cómo realizamos una evaluación psicológica?
Como psicólogos habitualmente realizamos al principio un proceso de evaluación psicológica, consistente en:
- Recogida de información inicial, mediante la entrevista con el paciente y familiares, si procede.
- Observación del curso y estado del paciente al inicio del tratamiento.
- Factores actuales y anteriores que han determinado su problemática actual y la mantienen.
- Recursos personales del paciente a la hora de afrontar sus problemas.
- Análisis de los resultados, desde donde se programa y decide el plan de intervención terapéutica.
Es decir, nuestras evaluaciones psicológicas son más dinámicas que diagnósticas, con lo que reducimos al máximo el uso de tests, cuestionarios o escalas en la medida en que, desde nuestra experiencia como psicólogos, sabemos que aportan muy poco en la solución del problema.
Conocer a fondo la problemática de un paciente no significa necesariamente tener que ponerle una etiqueta. Aunque alguna vez sea útil, no siempre es recomendable. Sabemos que cuando un paciente es diagnosticado tiende a vivir y comportarse conforme a su diagnóstico. Parece que la etiqueta le indica quien es, lo que le pasa y lo que debe esperar del futuro.
Por ello, antes de iniciar una psicoterapia, en nuestra consulta de psicólogos nuestras evaluaciones son dinámicas, es decir, tienden más a explicar que a poner un nombre. Con frecuencia acuden pacientes con diagnósticos previos que han determinado innecesariamente su vida.
Este es el caso de Jesús. Vino a nuestra consulta muy preocupado con un diagnóstico de ‘depresión mayor’ y en tratamiento con dos antidepresivos y tranquilizantes. Jesús indicaba que él nunca había tenido una depresión y que su estado de ánimo había empeorado muy recientemente. Mostraba tristeza y ansiedad generalizada. Tras una evaluación psicológica, se constató que su vida había sufrido varios acontecimientos relevantes importantes: el fallecimiento de de mujer hacía cinco años, un nuevo matrimonio, y problemas financieros su empresa. Trabajamos bajo la hipótesis de que dichos acontecimientos tendrían que ver con su estado de ánimo. Tras un mes de psicoterapia, y dada su notable mejoría, nuestro servicio de asesoramiento y atención médica le retiró la medicación. A los cuatro meses, le dimos el alta.




