Muchas personas tienen una gran facilidad para enfadarse, ya sea con su pareja, amigos, familia, hijos o con sus compañeros de trabajo. En ocasiones, el enfado es más frecuente con unas personas más que con otras. Incluso llegan a enfadarse y dañar a quienes más quieren, lo que les ocasiona fuertes sentimientos de culpabilidad. Pero no lo pueden controlar.
Ante todo, hay que tener en cuenta que, tras estos enfados, existen sentimientos de inferioridad e inseguridad, así como temor y rabia acumulados. Esto implica que quienes se enfadan tanto con unas personas pueden ser, al mismo tiempo, muy sumisas con otras. Seguro que lo has observado ya.

¿Qué hay detrás de tus enfados frecuentes?
Ante todo hay que distinguir entre el enfado razonable y justificado y su contrario, el enfado fácil, constante, indiscriminado o injustificable o inadecuado.
¿Cuándo es razonable y cuando es injustificable?. No existen criterios claros en este sentido dado que cada persona, con su personal sistema de valores, puede dar más importancia a unas cosas que a otras. Hay gente que cree que sus enfados son lógicos y razonables, que responden a una especie de ‘norma universal’ y que cualquiera en su lugar, también se enfadaría (‘Esto no es normal, cualquiera estaría enfadado/a‘). No es cierto. Les cuesta entender que su enfado es sólo suyo y que a otras personas podría no molestarles lo mismo. Pero no es subjetivo sólo el contenido del enfado, sino también su forma de expresarlo, cada persona tiene su estilo. ¿Cuál es la correcta?. Cuando buscamos criterios, siempre recurrimos a la famosa frase de Aristóteles en su Ética a Nicómaco:
Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy fácil. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo (Aristóteles).
Totalmente cierto, ¿verdad?. ¡Y qué difícil es!. Es decir, no existen normas para delimitar cuando un enfado es justificable o no. Lo que sí existen son formas con las que expresar un enfado si queremos hacerlo correctamente, es decir, de una forma inteligente, emocionalmente hablando. Hay personas que consideran que enfadarse mediante gritos y amenazas es la mejor forma de conseguir algo. Sin embargo, saber expresar un enfado para lograr lo que se pretende es casi un ‘arte’ y que pocos han aprendido.
¿Qué es lo correcto?, ¿Cómo hay que enfadarse?
De la misma forma que no hay criterios que indiquen con qué nos debemos enfadar y con qué no tiene sentido enfadarse, tampoco existen normas cuanto a la forma de expresar los enfados (¿Cuándo, en que momento, de qué forma, con quién?).
Básicamente, y de una forma lógica, podríamos dividir la forma de expresar los enfados en dos tipos: Los enfados adecuados e inadecuados. Los enfados adecuados son los que se expresan de una forma correcta, calmada, con quien corresponde y en el momento más oportuno, como decía Aristóteles. Muchas personas creen que al enfadarse hay que gritar, levantar la voz o hacer aspavientos. Nada de eso. No es necesario, incluso es perjudicial. Estas personas consideran que su nivel de indignación tiene que ir acompañada de un determinado grado de explosividad.
Hay quien ha aprendido a enfadarse dando gritos, rompiendo cosas, insultando o agrediendo. En estos casos parece como si cuanto más grito más razón tengo y más superior me siento. Como veremos más adelante, levantar la voz y gritar mucho, es un signo de debilidad que puede ser detectado por muchas personas.

¿Cómo son las personas cuando se enfadan?
Igualmente, hay personas que se enfadan por todo, o las hay que nunca se enfadan. Ninguna de éstas es buena respuesta. En medio, se encuentran quienes se enfadan sólo ocasionalmente.
Las personas que se enfadan por todo son como ‘un campo de minas’. Es tal su sensibilidad que son muchas las circunstancias que pueden hacer que se enfaden. Suelen ser temidas por los demás, que al final, no saben qué hacer ni como comportarse para evitar un enfado. Si a esto se añaden enfados explosivos, la vida a su lado puede ser insoportable. Lo podemos ver en parejas, en ámbitos laborales, en familia o con los hijos. Sin embargo, estas personas no suelen tener el mismo comportamiento siempre, como hemos indicado. Depende de con quien estén, pueden enfadarse a menudo y de forma explosiva o no enfadarse, incluso, ser muy sumisas.
Por otra parte, tampoco es bueno no enfadarse o no expresar los enfados. Realmente a todos nos molestan cosas, la diferencia es que algunas personas lo expresan y otras no, ‘se comen su resentimiento’. Igualmente, hay quien, con el tiempo, ha aprendido a ahogar sus enfados y al final no se siente enfadada casi por nada, o directamente no se enfada. Aquí nos encontramos con comportamientos alexitímicos en donde, por la razón que sea, se han ahogado una gran parte de sentimientos y emocionales naturales. Como psicólogos sabemos que no expresar las emociones tiene efectos muy negativos sobre la salud mental. Pero, al mismo tiempo, tener una sensibilidad muy alta y ser emocionalmente impulsivos deteriora inevitablemente nuestras relaciones.
¿Y tú, por qué te enfadas tanto?
Aquí analizamos el enfado problemático, es decir, la persona que se enfada mucho y lo expresa de muy malas formas. Personalmente, en nuestra consulta, como psicólogo online, suelo temer a quien llega diciendo con orgullo ‘soy muy claro, no tengo pelos en la lengua’. Esto da pistas de una persona con un posible comportamiento poco adaptativo e inadecuado.
Pero, ¿cuales son las razones del enfado frecuente y poco adecuado?. Este tipo de manifestaciones suelen estar motivadas por:
- Debilidad e inseguridad. El enfado en estos casos es una compensación, una forma de suplir una debilidad o inseguridad personal ante determinadas personas o situaciones. Como ejemplo, tenemos el mal humor que desarrolló Goya, el pintor, cuando comenzó a quedarse sordo, o la suspicacia y agresividad que desarrollan aquellas personas que se sienten inseguras en una relación de pareja.
- Heridas psicológicas y daños sufridos. Esto es consistente con la idea de que las personas con enfados inadecuados no siempre se enfadan en todas las ocasiones o con todo el mundo. Dependiendo de que la situación tenga relación con algún tipo de antigua herida psicológica, se producirá el enfado. Por ejemplo, quien se ha sentido minusvalorado tenderá a explotar ante cualquier comentario que interprete como una duda a su valía personal. Suele decirse de estas personas que ‘tienen la piel muy fina’.
- El enfado manipulador. En ocasiones se aprende que enfadándonos mucho, logramos lo que queremos. Esto es propio de déspotas que han logrado una posición, respeto y equilibrio con el entorno utilizando el temor. Todos conocemos a personas a las que se teme negarles algo por sus reacciones. Esto se observa en las relaciones de pareja o en muchos adolescentes cuando se les niega algo. El origen suele ser una educación con pocos límites y en donde se ha consentido demasiado.
- Rabia narcisista. Está muy unido a todo lo anterior. Suele denominarse ‘rabia narcisista’ a la herida psicológica resultado de un pasado o presente en donde el reconocimiento, aprecio o sensación de valor ha sido ausente o escaso. Da lugar a una autoimagen dañada que deriva en un comportamiento suspicaz y explosivo, muy necesitado de la estima y valoración constante del entorno.
- Comportamiento aprendido. En algunas ocasiones, el enfado se aprende como forma de relación. Algunas personas tienen la tendencia a las malas respuestas o reacciones hostiles como forma de relacionarse. Lo han aprendido en casa, viviendo con padres que se pelean constantemente o que utilizan los gritos o malas respuestas de forma habitual.
- Rencor acumulado. No haber reaccionado en su momento ni haber sabido expresar el desagrado de lo que nos ha hecho daño, puede producir una actitud hostil frente al entorno. Es como si se quisiera ‘hacer pagar’ a los demás las injusticias sufridas. Suele ser típico de personas inhibidas, poco asertivas, llenas de rencor y con incapacidad para enfadarse con quien deben. Ejemplos típicos son los padres que pagan con los hijos el rencor hacia su pareja, o el trabajador o trabajadora que cuando llega a casa culpa a los demás lo que le ha hecho su jefe.
- Incapacidad de afrontamiento. Muchas personas no saben o no se sienten lo suficientemente fuertes en la vida como para afrontar los problemas cotidianos, expresando su temor e inseguridad en forma de enfados injustificados. Para ellas ‘todo es un mundo’, ‘se ahogan en un vaso de agua’, viven con temor y lo pagan con los demás. Quieren compensar, ser fuertes, enfadándose.
- Abuso de alcohol o drogas. El alcohol, las drogas o algunos medicamentos pueden fomentar un descontrol impulsivo que, especialmente, en el caso del alcohol, puede ser muy explosivo.
- Circunstancias ambientales. La falta de espacio físico en las viviendas, el calor o los cambios en la presión atmosférica, está comprobado que alteran el estado de ánimo así como eleva los niveles de agresividad y enfados.
A todo esto debemos añadir que el enfado desproporcionado, suele estar vinculado al rasgo de personalidad de sumisión-autoritarismo. La sumisión no es más que la otra cara del autoritarismo. Así, las personas autoritarias, además de un carácter explosivo o desagradable, son déspotas con quienes consideran inferiores y muy sumisos con quienes sienten superiores. Esto se observa en algunos trabajos, en donde tu jefe puede ser un perfecto déspota con la gente de su equipo, y literalmente, ‘lamer el culo’ a todos sus superiores. Son incluso capaces de hablar injustificadamente mal de alguien con tal de hacer una gracia e intentar congraciarse con esa persona. Coloquialmente suele decirse que pueden ‘vender a su propia madre’ a cambio de su imagen o posición frente a otros.

¿Cuáles son las consecuencias de enfadarse tanto?
Son muchas las consecuencias negativas de enfadarse mucho. Puede que te ganes el respeto, por miedo, de otras personas. Pero lo que no conseguirás nunca es la cercanía, el reconocimiento o el cariño que seguro que buscas. Es difícil querer a quien se teme.
Desgraciadamente, como psicólogos hemos observado que los enfados desproporcionados son causa directa de problemas graves en:
- Las relaciones de pareja, en donde este tipo de maltrato lo observamos por igual entre ambos miembros de la pareja, no habiendo encontrado en nuestra consulta una predominancia de un sexo sobre el otro.
- También afecta seriamente a la relación con los hijos, llevando a estos a un aprendizaje negativo sobre cómo hay que relacionarse con el entorno, además de fomentarles sentimientos de inseguridad y temor.
- En el ámbito laboral, además de enrarecer la relaciones con compañeros o subordinados, puede constituir causa de despido. Estos enfados, cuando son frecuentes, llegan a crear un nefasto clima laboral que afecta al rendimiento y eficacia de todo un equipo.
- Con las amistades son menos frecuentes, dado que el propio contexto de los grupos tiende a aislar a este tipo de personas evitando integrarlas en actividades conjuntas. La semana pasada estuve con una paciente que solía enfadarse desproporcionadamente cuando sus amigos elegían un sitio que no le gustaba para comer o tomar algo. Era incapaz de adaptarse y montaba ‘escenas’ que el grupo solucionó dejando de contar con ella.
- A nivel de familia, la existencia de rencores ocultos con frecuencia hace que estos enfados sean frecuentes. El ejemplo más clásico son las discusiones en las cenas de navidad o el resentimiento oculto entre hermanos.
En general, la consecuencia más directa de enfadarse tanto es el aislamiento y la pérdida de vínculos afectivos, sociales o laborales importantes. Un aspecto relevante en este sentido es que muchas de estas personas tienden a enfadarse más con quienes más quieren o son más cercanos, dando lugar al drama posterior de la pérdida o los consiguientes sentimientos de culpa. Este es un comportamiento cobarde, solo se atreven a enfadarse con personas de confianza, pero no siempre con quien deben.
¿Qué debes hacer para no enfadarte tanto?
Ante todo hay que indicar que el enfado desproporcionado o injusto se produce y mantiene sólo con quien se deja. Enfrentarse a estas personas de forma correcta y eficaz suele dar muy buenos resultados. Muchas de ellas necesitan que ‘les paren los pies’.
No existe una respuesta fácil que pueda ser aplicada de inmediato. Como bien saben los que se enfadan tanto, un enfado de estas características suele ser incontrolable en la mayor parte de los casos, aunque sea previsible para los demás.
Por ello, dependiendo del tipo de enfado, tendremos que tomar unas medidas u otras. Por ejemplo, el enfado manipulador es más controlable dado que en la mayor parte de los casos responde a la intención consciente de lograr un objetivo. Incluso algunas personas no querrán abandonarlo por los beneficios que les proporciona. Plantéate en estos casos si es más importante para ti lograr tus objetivos que ser una persona insoportable e insufrible para los demás. Es una elección.
Otros enfados se relacionan con la incapacidad de actuar o expresar los daños sufridos, dando lugar a sentimientos de debilidad y de rencor. En este sentido es imprescindible saber expresar lo que no nos gusta, lo que nos molesta, de la forma adecuada y en el momento adecuado, con la finalidad de no acumular una ira que tarde o temprano acaba saliendo de la forma más inoportuna.
Igualmente, la debilidad por heridas narcisistas o daños a la autoestima personal, da lugar a enfados desproporcionados de difícil autocontrol. Basta con un comentario que la otra parte se niegue a aceptar una opinión o hacer lo que se le pide, para que active la ‘bomba del autodesprecio’ en forma de un estallido de cólera totalmente desproporcionado. En principio, lo más importante es saber darse cuenta de que los propios sentimientos heridos dan lugar a pensamientos a los que concedemos el carácter de reales y objetivos, cuando no lo son en absoluto. Por ejemplo, si tu pareja no comparte tu opinión sobre algo y te lo discute, inmediatamente se activa en tu interior una explosión de emociones relacionadas con momentos anteriores en tu vida en que se te invalidó. Inmediatamente piensas que tu pareja quiere invalidarte, como tantas veces ocurrió en el pasado, y reaccionas con la agresión del enfado. Has convertido un sentimiento antiguo en un pensamiento actual que crees real.
También el enfado aprendido como forma de relación habitual, o como reacción frente a nuestra dificultad para afrontar los problemas de la vida cotidiana debes revisarlos. En qué medida te son útiles, si ya eres temido o rechazado por tus seres cercanos. Es más apropiado aprender a solucionar tus problemas sin ‘ahogarte en un vaso de agua’ que explotar de ira ante cada problema con el que te topas.
No obstante, muchos tipos de enfados necesitan de atención psicológica por parte de psicólogos especializados. Analiza si puedes cambiar por ti mismo. En caso contrario, busca ayuda en un buen equipo de profesionales. Tiene solución.
José de Sola / Psicólogos Madrid / Psicólogos Málaga / Psicólogos online




