Las Técnicas Sensoriomotoras o somatosensoriales se basan principalmente en los tratamientos derivados de la Terapia Sensoriomotriz de P. Ogden, así como de la Experiencia Somática de P. Levine.
Ambas son terapias centradas en el cuerpo y coinciden en que en el cuerpo se encuentra el camino de la resolución de los trastornos emocionales. Las emociones son estados que disponen para la acción, para el comportamiento. Por lo tanto en el cuerpo siempre se encuentra una memoria implícita tanto de lo ocurrido como de la solución.

¿Cuál es la utilidad de las Técnicas Sensoriomotoras?
La principal utilidad de las Técnicas Sensoriomotoras es el tratamiento del trauma en todos sus posibles aspectos. Desde un estrés postraumático continuado en el tiempo a eventos concretos como accidentes, catástrofes o pérdidas importantes. Aquí es menos importante la narración, la palabra que las vivencias corporales que no son más que el legado de antiguas tendencias a la acción, inhibidas o no realizadas.
Así, es necesario la toma de conciencia de antiguas pautas comportamentales automáticas y desadaptativas, el aprendizaje en la inhibición de los impulsos iniciales, la experimentación con diversas alternativas para cerrar y concluir acciones incompletas que demostraron no ser útiles, y la práctica nuevas formas de acción y comportamiento más eficaces.
El comportamiento no expresado, la energía no liberada
La narrativa somática, del cuerpo, mediante gestos, posturas, expresiones faciales, mirada y movimientos es sin duda más significativa que todo lo que se pueda contar con palabras. El lenguaje del cuerpo transmite significados implícitos y revela dinámicas tempranas u olvidadas.
Ambas técnicas, la Somatic Experiencing y la Terapia Sensoriomotriz, se derivan del análisis del comportamiento de los animales frente a las amenazas. Utilizan recursos innatos para regular y neutralizar sus altos niveles de activación en un momento dado. Dichos recursos les permiten la recuperación del equilibrio y vuelta a la normalidad inmediatamente después de una amenaza o peligro.
Aunque los seres humanos poseemos estos mismos recursos, su uso se encuentra habitualmente coartado. Esto impide una descarga completa de la energía movilizada y de comportamientos no expresados e inacabados, dificultando que el sistema nervioso y el cuerpo recuperen su equilibrio. Lo no liberado, no expresado, se queda activado, congelado en el cuerpo de manera que los síntomas son su expresión y consecuencia.
José de Sola
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