Los seres humanos necesitamos una vinculación emocional para vivir desde que nacemos. En un principio es con los padres, posteriormente con la familia, después con amigos y finalmente con una pareja hasta mantener una buena red de apoyo social. No podemos prescindir del contacto cercano si queremos mantener nuestro equilibrio psicológico. Gestos de distancia, de no necesitar de nadie, no solo no es sano sino que frecuentemente está alimentando rasgos patológicos de personalidad como puede ser el miedo a la intimidad.
El miedo a la intimidad puede expresarse de muchas formas y con distintos tipos de personas, pero en todas ellas se evita una acercamiento emocional o físico. Forma parte del conjunto de problemas de relaciones interpersonales, afectando a parejas, amigos o familia.

¿En qué consiste el miedo a la intimidad?
El temor a la intimidad implica el rechazo o evitación de cualquier gesto o movimiento de cercanía personal física o afectiva. También supone el no compartir ideas, vivencias, pensamientos, creencias o sentimientos. Puede darse en el ámbito de las amistades, de la familia, con los padres o en la pareja. Así, algunas personas rechazan la posibilidad de ir en grupos grandes prefiriendo sus dos o tres amigos de toda la vida. Otros pueden mantener una vida cercana con la familia y amigos, pero rechazar la proximidad en una pareja. Aunque es menos habitual, existen personas que rechazan todo tipo de intimidad o cercanía.
Respecto de la pareja, como psicólogos hemos visto en nuestra consulta el rechazo a la cercanía o contacto físico que se puede manifestar no solo en el sexo, sino en cualquier forma de proximidad. Estas personas suelen huir de las caricias, besos o del propio sexo, pero también en ocasiones de un simple apretón de manos o de un abrazo de otra persona. Paradójicamente, y a la inversa, una actividad sexual compulsiva se puede observar en algunas personas a fin de evitar la intimidad y la cercanía de pareja.
Lo más habitual sin embargo, es la evitación de la proximidad emocional. Este temor se manifiesta de distintas formas, como evitar compromisos en relaciones románticas duraderas, mantener distancia emocional con los amigos o alejarse de miembros de la familia que buscan la proximidad.
¿Cuáles son las causas del temor a la intimidad emocional?
Bien sea dentro de la pareja, en las relaciones con amigos o familia, el temor a la intimidad tiene diversas causas que vemos a continuación:
- El temor al rechazo. Esta es la más habitual, el temor a ser rechazado, de ser ridiculizado u objeto de burla. Para estas personas cuanto menos se sepa de ellas, cuanto más distancia se tome de los demás, menor será el riesgo. Existe una baja autoestima, temen no gustar, por eso evitan el acercamiento y la proximidad. Rechazan abrirse emocionalmente, hablar de sí mismas. La peor de sus fantasías es confiar en alguien que luego les rechace o decepcione. Estas personas han vivido en su pasado experiencias reales de no aceptación, de crítica o, incluso, de rechazo o de ser ridiculizadas.
- Miedo a ser engullido, constreñido, ahogado. Al contrario que la anterior, en este caso nos encontramos con un exceso de intimidad, sobreprotección y exigencia emocional, principalmente de los padres o de alguna pareja, de personas muy dependientes. Literalmente se sienten ahogadas ante la proximidad emocional y tienden a evitarla. Buscan ‘respirar’ y se mantienen distantes de quien perciban dependiente o exigente. Tiene sentido, en la vida buscamos lo que nos ha faltado y evitamos lo que nos ha sobrado.
- Por temor a perder a quien ser quiere, a ser abandonado. Algunas personas han tenido la desgracia de haber perdido sucesivamente a personas importantes y significativas, bien sea por abandono o por muerte. Tienen temor, hasta cierto punto lógico, de confiar, de volver a amar, de entregarse a la intimidad, de establecer nuevos vínculos de confianza, por miedo a volver a perderlos. Como psicólogos hemos visto casos dramáticos de personas que han perdido a su familia en un accidente de coche, tras haber sido abandonadas por su pareja o quedarse sin amigos.
- Por temor a la agresión. En estos casos se observa una insensibilización defensiva ante la posibilidad de abuso o agresión por parte de personas significativas. Desgraciadamente son casos frecuentes, no solo relacionados con los abusos sexuales sino también con agresiones y maltratos físicos durante la niñez. Tanto niños como niñas son potencialmente objeto de dichos abusos por parte de padres, abuelos, tíos, primos, amigos de la familia o conocidos mayores que ellos. El resultado es una insensibilidad y embotamiento afectivo en la relaciones cercanas sin capacidad de intimidad emocional. Es una forma de autodefensa inconsciente e involuntaria, es el resultado de una o varias experiencias traumáticas.
- Hostilidad con hombres o mujeres. Desgraciadamente hoy en día es frecuente en algunos pacientes la falta de confianza o el rechazo a personas del sexo contrario. Bien sea por temor o agresividad después de malas experiencias vividas, tanto personales como vicarias (es decir, observadas en otros), hombres y mujeres rechazan la intimidad emocional. Lo más frecuente es haber vivido una mala experiencia en pareja o en familia, aunque también influye el contexto actual de actitudes extremas.
- Educación familiar. Existen familias en donde la intimidad y cercanía no solo no existe sino que se rechaza. ‘Aquí no se llora, no se habla de problemas’. Esta educación da lugar a personalidades que no sienten necesidad de intimidad, no la necesitan, porque nunca la han tenido. Incluso les desagradan las relaciones en las que existe una gran proximidad. Obviamente, esto da lugar a problemas en las relaciones de pareja o, incluso, con las amistades.
En general, el temor a la intimidad refleja en muchos casos una historia personal de vinculaciones evitativas con padres y figuras cercanas. Estas relaciones de evitación son una forma de defensa ante el temor al rechazo o agresión por parte de las personas más cercanas y significativas. En este sentido, el enfado, el mal humor, la desconfianza y la suspicacia son barreras de protección para evitar la cercanía.
¿Qué consecuencias tiene el miedo a la intimidad?
Como psicólogos hemos observado que el temor a la intimidad emocional en general, y el miedo a la intimidad en pareja, en particular, suele tener como consecuencias problemas de soledad y dificultad de mantener relaciones sociales cercanas y duraderas. Concretamente, en el ámbito de la pareja es una de las causas más frecuentes de problemas y rupturas.
A estas personas les molesta hablar de sí mismas, de sus sentimientos, y suelen mantener relaciones superficiales con su pareja y entorno. Están a gusto, no quieren que se les complique la vida, no ven la necesidad de hablar de si mismos. Cuando se les presiona, puedan acabar teniendo un acceso de ira, lo que indica que tras este mutismo se encuentra el miedo.
Este temor a la intimidad suele conllevar una desconexión emocional, ausencia de comunicación e incapacidad para resolver conflictos. Son personas que no quieren problemas, y tampoco les gusta que nadie les cuente los suyos, lo que al final repercute negativamente en su bienestar emocional y calidad de vida. Concretamente suelen padecer depresión, apatía y sensación de vacío emocional aunque no son muy conscientes de que estos estados de ánimo se relacionan con la ausencia de una buena red de apoyo afectivo. Por el contrario, se validan a sí mismos como fuertes e independientes, que no necesitan a nadie para hacerse cargo de sus problemas ni que otros les cuenten los suyos.

La dependencia emocional, la cara inversa del temor a la intimidad
Lo contrario del temor a la intimidad, es la dependencia emocional. Este carácter se observa tanto en pareja como en todo tipo de relaciones interpersonales. Son personas que necesitan contar lo que sienten, lo que quieren, lo que piensan. Y, al mismo tiempo, esperan que se les corresponda de la misma forma.
Necesitan de los demás, que se les escuche, se les atienda. Son insistentes, buscan la cercanía y la confirmación de que ser importantes para otros. Se asustan cuando se les comunica poco y, en la pareja, lo interpretan como un signo de desinterés o de un próximo abandono. Paradójicamente también hay relaciones de pareja condenadas al fracaso por este motivo; una personalidad dependiente y otra con miedo a la intimidad es una mezcla explosiva con pocas posibilidades de futuro.
El falso miedo a la intimidad
No es ninguna novedad que el miedo a la intimidad en ocasiones se utiliza falsamente como barrera ante una relación de pareja que no se desea. Frases como ‘he sufrido mucho’, ‘necesito un tiempo’, ‘no estoy preparado’, son defensas ante una intimidad que no se quiere cuando la otra parte busca aproximación y cercanía.
En estos casos suele existe un desfase entre las necesidades de ambas personas. Una de ellas busca una relación más íntima y comprometida y la otra no desea llegar a tanto pero no se atreve a decirlo, con lo que busca deshonestamente todo tipo de excusas que llevan al final a problemas y enfrentamientos.
Como superar el miedo a la intimidad
En general, la necesidad de intimidad es imprescindible para una vida psicológicamente sana. Las relaciones de cercanía son fuentes importantes de un apoyo social necesario, que incrementan el bienestar así como protegen del estrés y la enfermedad.
No es fácil resolver, no obstante, con dos o tres consejos el temor a la intimidad. Lo más habitual es que las personas afectadas acudan a tratamiento por consejo o presión de allegados cercanos. Esto es frecuente en la pareja que, cansada de frialdad y falta de comunicación, amenace con una ruptura si la situación no cambia. Y es que habitualmente quien evita la intimidad no tiene tanta consciencia de problema como quienes están cerca, a pesar de sufrir en algún momento algún tipo de depresión, apatía y sensación de vacío por su distanciamiento e insensibilización del entorno.
Por eso, ante todo hay que superar el miedo que provoca la intimidad en todos los aspectos indicados. Y esto no es fácil después de toda la historia personal que lo sostiene. No obstante, aconsejo probar, desde los más pequeños esfuerzos, hasta progresivamente lograr cada vez más una mayor cercanía, tratando de compartir sentimientos, pensamientos, recuerdos o creencias. En la pareja es muy importante saber comunicar este temor y abrir la posibilidad de ser aceptado y ayudado. Obviamente no puedes abrirte a todo el mundo. Eres tú quien debe decidir cuál es el entorno en el que deseas desarrollar tu mundo de proximidad y apoyo.
Por lógica, si todo esto no funciona, debes a acudir a un psicólogo especializado que pueda ayudarte. En este caso, es esencial acudir durante la terapia a los miedos, agresividades que sostienen esta actitud, reestructurar las creencias y procesar los esquemas emocionales que las sostienen.
José de Sola
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